El alfajor tiene raíces más antiguas de lo que mucha gente imagina. El nombre viene del árabe "al-hasú", que significa "el relleno", y llegó a España durante la presencia árabe en la península ibérica, mezclado con miel y frutos secos. De ahí cruzó el Atlántico con la colonización y fue tomando forma propia en distintos países de América Latina.

En Argentina encontró un lugar particular: con el tiempo, el dulce de leche pasó a ser el relleno protagonista, y el alfajor dejó de ser una receta más para convertirse en uno de los símbolos dulces más representativos del país. Hoy Argentina es, por lejos, uno de los mayores consumidores de alfajores del mundo, con variantes regionales que reflejan la identidad de cada provincia.

Cada región le agregó su propio sello: hay provincias con tradición marcada en el alfajor de maicena casero, otras donde predominan los baños de chocolate más intensos, y zonas con variantes artesanales que incorporan ingredientes locales. Esa diversidad es parte de lo que hace interesante recorrer distintas marcas y no quedarse siempre con la misma.

Más allá del origen histórico, el alfajor ocupa un lugar cotidiano: acompaña un café de media tarde, es el infaltable en un viaje largo, se regala, se comparte en la oficina y aparece en casi cualquier celebración familiar. Pocos productos logran ser a la vez un gusto individual y un ritual colectivo tan instalado.

En DeAlfajores creemos que esa tradición merece curaduría: elegimos marcas que respetan la receta clásica y también las que se animan a variantes nuevas, para que explorar esta historia tan argentina sea, sobre todo, una buena excusa para comer bien.